miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sobre la huelga general de mañana

Hoy he visto muchísimo material sobre la huelga general de mañana.
Quien haya seguido mínimamente los medios de comunicación habrá comprobado que levamos un par de semanas con un bombardeo de información que se ha ido intensificando con el devenir de los días hasta llegar hasta hoy, donde nos podemos encontrar con perlas como ésta en Público (en la portada):




Vamos, como decía aquel, "Si es que se visten como p..." La portada la tienen aquí (ojo: PDF). He llegado ella gracias a Santiago González, quien añade:
Al parecer, la huelga estaba dormida como el arpa de Gustavo Adolfo y fue la patronal la mano de nieve que supo arrancarla. Díaz Ferrán se acercó a la bella durmiente y le bastó decir: "piquetes coactivos". Mano de santo. Como si hubiera dicho: "levántate y anda". Un tal Florentino Vázquez, dirigente de UGT en Asturias, estableció ayer en términos adecuados la cuestión: "Habrá piquetes informativos y convencitivos (sic)".
Y es que los piquetes están para informar. Para informar de que si trabajas puedes acabar en el hospital, o tus escaparates un poco rotos. Así lo dicen en un e-mail enviado por CC.OO. al personal de Barajas, aeropuerto que quieren paralizar, donde concluyen avisando (y el que avisa no es traidor): "Os aconsejamos que no pongáis en peligro vuestra integridad física". Consejos así daba Don Vito Corleone también. En cualquier caso, reiteran, cualquier incidente será debido a "los servicios mínimos abusivos". Es decir, que como los piquetes están un par de escalones por debajo de en la evolución, no atienden a razones, y no son capaces de razonar, y no distinguen el bien (respetar al prójimo) del mal (obligar al prójimo a que haga lo que a ellos les venga en gana, o que se atengan a las consecuencias). Están programados así. Y punto.


Gabriel Albiac (ayer) e Ignacio Ruiz Quintano (hoy) describen la huelga como una gran obra de teatro. Albiac recuerda lo que Rosa Luxemburgo entendía por sindicatos, "ser un engranaje necesario de la reproducción del capital, que reajuste las oscilaciones salariales en la ley de la oferta y la demanda, «la cual ley no pueden los sindicatos transgredir, sino, todo lo más, hacer cumplir»", sindicatos que debían autofinanciarse. Las huelgas generales fueron hechos políticos, revolucionarios, y como tales cumplieron con su papel, hasta mayo del 68:

En esto, llegó el 68. Y barrió las hojas muertas. La huelga general más amplia y larga de la historia desembocaba en nada. Ponía ante nuestros ojos que la retórica miente.
Enseguida dejó de haber sindicatos. Porque ya no hubo afiliados que pagaran. Mutaron en aparatos de Estado: funcionariado no exento de privilegios. Había que preservar las resonancias léxicas para que funcionaran: «sindicato» o «huelga» pasaron a significar lo contrario de cuanto significaron. Pero el peso de las palabras puede mucho. Llamamos sindicato hoy a una policía laboral. Y huelga, a un acto escénico.

Ruiz Quintano insiste en que lo de mañana no es una huelga sino una "performance":
Lo de mañana no es una huelga general, sino una «performance» sindical que, si saliera bien, sería llevada a Arco 2011 para epatar a la burguesía, o como se diga eso. De entrada, los sindicatos han tenido el buen gusto de señalarla en miércoles, a fin de que los huelguistas puedan organizar un «puente de la Huelga», que anticipa los puentes del Pilar, de la Inmaculada y de la Constitución, encadenados para obligar a los cinco millones de parados a no permanecer parados. Después de todo, son ellos los que pagan la «performance» de la huelga general que no es ni general ni huelga.
Carlos Rodríguez-Braun y Federico Quevedo sostienen que en esta huelga tanto Gobierno como sindicatos van a tratar de no hacerse mucho daño mutuo, pues podría ser nefasto para ambos.
Dice Rodríguez-Braun:
Si la huelga fracasa, los convocantes fracasan. Pero su éxito también dañará a los sindicatos, porque la única forma de conseguir que los trabajadores la secunden es violar su libertad y quebrantar su derecho a ir a trabajar. Los sindicatos saben hacerlo, la violencia con bajo coste es uno de sus privilegios, pero también saben que si lo hacen de manera demasiado descarada, la gente se dará cuenta y ellos se hundirán aún más en el descrédito frente a aquellos que dicen representar. Además, la huelga es convocada contra el Gobierno, pero Smiley insiste en que él es gran amigo de los sindicatos: en este caso, hay que reconocerlo, no miente. Y cualquiera que sea el resultado de la huelga, los ciudadanos están hasta las narices tanto de los sindicatos como de los políticos en general y del Gobierno en particular. Como todos saben esto, hemos llegado a una situación paradójica, en donde tanto el Gobierno como los sindicatos procurarán hacer el paripé para conseguir un objetivo: no hacerse mucho daño. Si la huelga fracasa, los convocantes fracasan. Pero su éxito también dañará a los sindicatos, porque la única forma de conseguir que los trabajadores la secunden es violar su libertad y quebrantar su derecho a ir a trabajar. Los sindicatos saben hacerlo, la violencia con bajo coste es uno de sus privilegios, pero también saben que si lo hacen de manera demasiado descarada, la gente se dará cuenta y ellos se hundirán aún más en el descrédito frente a aquellos que dicen representar. Además, la huelga es convocada contra el Gobierno, pero Smiley insiste en que él es gran amigo de los sindicatos: en este caso, hay que reconocerlo, no miente. Y cualquiera que sea el resultado de la huelga, los ciudadanos están hasta las narices tanto de los sindicatos como de los políticos en general y del Gobierno en particular. Como todos saben esto, hemos llegado a una situación paradójica, en donde tanto el Gobierno como los sindicatos procurarán hacer el paripé para conseguir un objetivo: no hacerse mucho daño.
En la misma línea, Quevedo escribe que la mayor parte de los trabajadores no apoyan la huelga:
De ahí que el propio Gobierno de Rodríguez haya tenido que acudir en auxilio de las centrales sindicales, de Méndez y de Toxo, para garantizarles un éxito suficiente en el paro gracias a unos servicios mínimos que son una auténtica coña marinera, porque lejos de garantizar el derecho de los ciudadanos a acudir a su puesto de trabajo, lo que hacen es obstaculizarlo de manera consciente. Mañana, entre el Ejecutivo y los sindicatos se han propuesto que pare el suficiente porcentaje de trabajadores como para poder decir que la huelga les ha salido bien a UGT y a CCOO, pero tampoco mal al Gobierno, y así todos contentos y pasado mañana vuelta a los abrazos y las palmaditas en la espalda. ¡Pandilla de hipócritas! ¡Malditos bastardos! Esto es un engaño con todas las de la ley, un engaño a las clases más desfavorecidas, a los desempleados, a los pensionistas, a los mileuristas, a los inmigrantes, a los marginados sociales, a los dependientes y a todos aquellos que por culpa de la crisis se han visto obligados a rebajarse a niveles a los que nunca hubieran sospechado que iban a llegar: pedir en la calle, acudir a los comedores sociales, recoger ropa de las parroquias… Y todo esto aplaudido y avalado por una corte de plumíferos de pacotilla, de viles servidores del peor de los estalinismos, de tipos a los que se les debería caer la cara de vergüenza cuando se permiten encima el lujo de censurarnos a los demás nuestro derecho a la crítica.
Mientras tanto, Escolar se queda mirando el dedo que señala a la Luna (o tirando balones fuera; no sé qué es peor):
[L]os sindicalistas son como los cartujos: ascetas mendicantes que sólo pueden comer en un restaurante con mantel una vez al año, cuando el patrón invita por Navidad.
La semana pasada, el diario La Gaceta (y que me perdone Vizcaíno por meterme en su Carpetovetonia) publicó que Ignacio Fernández Toxo se había ido de “crucero de lujo” por el Báltico. Según la noticia de portada, un pasaje en el barco costaba “hasta los 2.400 euros por persona”
Ayer, La Gaceta reincidió, y esta vez fue Cándido Méndez el objetivo de su peculiar periodismo de investigación: denuncia el diario que el líder de UGT celebró un cumpleaños con su familia en un restaurante caro de Madrid.
Federico Quevedo señala qué es lo realmente importante de esas informaciones:
[N]o se puede ir por la vida presumiendo de ser la Madre Teresa de Calcuta, y después comportarse como unGeorge Soros cualquiera.
Por último, Manuel Molares habla de los de la zeja (a los que me referí ayer):

Fue enternecedor oír a un grupo de actores y unos pocos escritores que se atribuían la representación de la cultura española para llamar a la huelga general del día 29, aunque adverían que no era una protesta contra el Gobierno.
Pues si no van contra la reforma laboral de Rodríguez Z. que facilita los despidos, reduce los sueldos y las pensiones, retrasa la jubilación, va camino de crear cinco millones de desempleados mientras compra a los nacionalismos catalán y vasco traicionando al socialismo español, o incrementa en pocos meses el treinta por ciento el precio de la electricidad, ¿contra quién van?
Una pista: los convocantes dedicaron la mayor parte de su tiempo a denunciar al PP como causante de los males mientras, presentaban a Z. como víctima de una conspiración capitalista. Hasta algunos justificaron su apoyo a Sarkozy en la expulsión de gitanos rumanos.

¡Me voy a la cama, que mañana trabajo! Se me ha hecho tarde y ya estamos a 29. Espero sepan disculparme.