sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Por qué un pastor radical mantiene al mundo en vilo?, se pregunta El Mundo

"Pues señor, era un retor..." Esa frase me solía decir mi madre cuando, siendo niño, me ponía pesadito, quejándome amargamente porque mi hermana me había quitado un chicle, por ejemplo. Era una forma muy educada de decir que eso eran chorradas. (Por cierto, "retor" significa cura en valenciano.)

Resulta que un a cura (en realidad es un pastor protestante, pero ya me entendéis) de Estados Unidos se le ha ocurrido que, para resarcirse por el ataque que sufrió su país hace nueve años, nada mejor que quemar coranes, declarando además que ese día será el Día Internacional de la Quema del Corán (o algo similar). Porque además está indignado con la intención de los musulmanes de construir una mezquita en la zona cero. Que una cosa es la libertad de culto y otra bien distinta que vayan a tu casa a restregarte por las narices que hace unos años tu país sufrió uno de los mayores ataques de su historia en suelo patrio.

Y, como no podía ser de ora forma, se le han echado encima. ¿Por el bigote que me gasta? No. Por exaltado, radical, rancio y católico. Y por ir provocando a los de la religión de la paz. Que son pacíficos, pero sólo si haces lo que ellos dicen. Y son respetuosos con la libertad, también. Con la suya propia, claro. Y no van a consentir de ninguna manera que se queme ni un solo Corán sin liarla parda. ¿O es que ya está olvidado lo que sucedió con las viñetas danesas? Pues nada mejor para refrescar la memoria que hacerse las víctimas de nuevo. Así nos podremos deleitar con esas boquitas melladas gritando y echando espumarajos por la boca en contra de occidente; es decir... nosotros.


Es ocioso recordar que ya se han quemado biblias en Pakistán, El Cairo o Gaza; o en Melbourne, después de haber orinado y escupido sobre ellas (como nos recuerda Barcepundit). También un "artista" ha estrenado una obra titulada Me cago en Dios. Y se han profanado iglesias. Y se han quemado vivos a ocho cristianos en Pakistán (como nos indica Elentir). Y no ha pasado nada. Esos hechos apenas han sido dignos de mención. Y ahora un tarado dice que va a quemar coranes y hasta interviene el Presidente de los Estados Unidos. ¿Acaso no hay libertad de expresión en el país del Tío Sam? Recordemos que en Inglaterra sí la hay. La imagen que aparece a la izquierda corresponde a la manifestación celebrada en Londres hace un tiempo. Declaraciones como la que muestra la fotografía ("Preparaos para el verdadero Holocausto") no son dignas de titulares, de debate, de llamamientos por parte de líderes políticos y religiosos, de preocupación por parte de las gentes de bien, de recriminación por parte de los progres. Pero si ese cartel lo llevara el padrecito Jones se armaría la marimorena sin lugar a dudas.

Jorge Marirrodriga lo describe en una sola palabra: Acojonaitos. Vivimos asustados de manera permanente, por miedo a molestar al Mojamé de turno:
1-) Que si Salman Rushdie se metía con Mahoma en un libro que, por cierto, era infumable.
2-) Que si Theo Van Gogh ofendía al Islam (y a este le mataron sin que ningún general americano hasta ahora haya dicho nada),
3-) Que si Ayaan Hirsi Alii, la diputada holandesa, ofende a los musulmanes con sus críticas de las barbaridades que sufrió en primera persona,
4-) Que si el Papa critica al Islam en un discurso
5-) Que si una caricatura en Dinamarca,
6-) Que si South Park
No es agradable vivir con la incertidumbre permanente ante unos tipos que amenazan con matarte por cualquier ofensa, real o figurada. Así es como viven precisamente las víctimas de los malos tratos que terminan perdiendo la autoestima y culpándose del mal que reciben. Y en esas estamos.

En realidad es algo más. Quizá influya el complejo de culpa por el pasado colonial. Quizá es esta corrección política que lo impregna todo, que constriñe a las democracias occidentales con un corsé de buenismo, patente en prácticamente todos los foros, debates y medios de comunicación. Para rebatir rara vez se emplean argumentos; es mejor el ataque ad hominem. Así, despojado el interlocutor de su pertenencia al grupo, pierden valor sus argumentos y opiniones. Quizá es, como leí hace un tiempo (y no sé dónde) que nos sentimos superiores a los mojamés. Pensamos que están asilvestraos, los pobrecicos, y claro, hay que dejar que se expresen. Nosotros, como estamos por encima de ellos y somos educados y tal, tenemos que aguantarnos y apechugar con sus cabreos, sus iras y sus suicidios. Se trata de otra forma de racismo. Más sutil, casi inconsciente. Pero racismo, al fin y al cabo. El ataque del 11 de septiembre de 2001 no merece reprobación, por tanto. El mundo ha de temer la respuesta del gigante atacado. Naturalmente, esto no se entiende sin un profundo, profundísimo sentimiento de atiamericanismo.

Por último, los medios de comunicación le han dado una publicidad desmedida a esto. Como nos recuerdan en Paper Papers (donde llego vía Barcepundit), negritas mías:

Asombra la atención que los medios han prestado a Terry Jones, un predicador que ejerce en el Dove World Outreach Center de Gainesville. Jones quiere dedicar mañana tres horas a quemar Coranes para vengar los atentados contra la Torres Gemelas y el Pentágono del año 2001.

Hasta que los medios decidieron hacerle caso, Jones era un locuelo desconocido, un figurante secundario más del gran teatro fundamentalista del mundo, ese arco que arranca en Kim-Il-Sung y llega hasta Timothy McVeigh, pasando por el presidente de la República Islámica de Irán. Hoy es
portada en medio mundo.Catalunya Informació, emisora de noticias 24 horas, abría sus boletines con esa historia cada media hora esta mañana. Lo mismo las noticias en la tele…
[...]
Es pura mieditis occidental. Y no lo digo en plan machote, no. Lo digo avergonzado. Porque si Jones hubiera amenazado con quemar camisetas del UF Baseball Club, un equipo local de beisbol de Gainesville, ni sabríamos quién es. Si hubiera decidido quemar crucifijos, lo mismo. Entonces ¿cuál es el motivo por el que Jones es importante? Lo ha hecho importante nuestro canguelo y nuestra irresponsabilidad. ¿O alguien cree que los fanáticos necesitan un Jones para atentar?
Con estos antecedentes llego a elmundo.es, quien se plantea más o menos la misma pregunta que tantos otros con anterioridad... "¿Por qué un pastor radical mantiene al mundo en vilo?" Su respuesta es la siguiente (negritas mías):

[...] [E]l islam es un tema especialmente sensible y dado a la agitación.

Basta con mirar diversos puntos de la actualidad: en Alemania un político desató un debate sobre la integración con controvertidas declaraciones; en Holanda la actualidad política gira en torno al islamófobo Geert Wilders, y Estados Unidos debate sobre una mezquita prevista cerca de la zona cero. Ello provocó una reacción inmediata de los medios.

Otro factor es la comunidad mundial en Internet, que con frecuencia difunde a millones de personas y con rapidez inédita acontecimientos de importancia regional. En el caso de Terry Jones, su plan de quemar ejemplares del Corán mereció en un primer momento una breve mención en una web de temas religiosos. Pero otros se hicieron eco del tema, que no tardó en llegar a emisoras como la CNN.

Ahora reaccionaron también los Estados islámicos: en Afganistán hubo protestas que se saldaron ya con un muerto y el comandante de las tropas estadounidenses en el país, David Petraeus, fue la primera persona de alto rango en hablar sobre el tema el pasado lunes, para condenar la acción.

Fue el último paso para que Terry Jones lograra repercusión internacional: si el comandante estadounidense en Afganistán tomaba postura, los periodistas no tenían otra elección que reflejarla y comenzó a funcionar la maquinaria mediática como si de un alud se tratara. Y no sólo periodistas, sino también políticos reaccionaron como si para ello sólo hubiera que accionar un botón: todos anunciaron su indignación.

[...]

"Jones es un terrorista mediático", comenta el profesor Harald Wenzel, del instituto John F. Kennedy de la Universidad Libre de Berlín. "Ha puesto un marcha un proceso en el que morirá un gran número de personas".

Naturalmente el hombre no es tonto: "Puede tocar en el teclado de los medios", señala Wenzel, según el cual Jones utilizó ese poder para azuzar el odio y la violencia.

El experto lamenta que los medios lo ayuden en esa tarea: "Para hacer beneficios, los medios deben maximizar la atención". Algo que concuerda de forma macabra con lo que buscan los terroristas con sus acciones, alcanzar la máxima repercusión posible.


Es decir, puesto que los musulmanes son como son, así como que violentos, ni nos planteamos el motivo por el que se ha armado tan grande. Es algo que tenemos perfectamente interiorizado y santaspascuas. Con noticias así se entienden mejor portadas como la de El País del día 12 de septiembre de 2001.