lunes, 22 de noviembre de 2010

Dragó, niñas y Antonio Machado

En su columna semanal en ABC, Jon Juaristi entra en la polémica suscitada en torno a Sánchez Dragó y su exaltación de las adolescentes:

Antonio Machado Ruiz andaba por la edad de Cristo cuando se enamoró en Soria de Leonor Izquierdo Cuevas, de trece años a la sazón. Esperó un par más para desposarla, pero esa cautela no lo libró de una cencerrada brutal. [...] La cencerrada que amargó las bodas del poeta no se la dieron por pedófilo, sino por mozo viejo que casaba con mocita, escamoteándola a los posibles pretendientes más jóvenes. [...] La llamada liberación sexual, como ha observado Jean-Claude Milner en un feroz alegato contra el progresismo contemporáneo (La arrogancia del presente, Manantial, 2010), no se plasmó en derechos individuales efectivos, sino en mera permisividad que no sólo dejó incólume el poder del Estado, sino que lo fortaleció, arrebatando a la sociedad sus tradicionales recursos censorios. Hoy somos mucho menos dueños de nuestros cuerpos y de nuestros deseos. El Estado legisla sobre la humanidad del feto humano, sobre la sexualidad de los escolares o sobre lo que debemos meter en los pulmones. La exploración de los límites de lo permitido se mueve entre la pornolalia de unos y el puritanismo totalitario de quienes reclaman de los gobernantes la castración civil (o física) de los pecadores de boquilla. ¿Zafiedad? Más bien estupidez de granja donde a los bichos se les tolera aparearse a discreción mientras tiren del carro. Ovejas, pollos y cerdos de Orwell. Estado de Permiso frente a Estado de Derecho, y escándalos televisivos sin alegría o con alegría-macarena, que viene a ser lo mismo de aburrido y fundamentalmente avícola.

Leedlo entero.

La importancia de la música en LOST...

Visto en el blog de PJorge:
Voy a probar a grabarme desayunando y luego ponerle la música. A ver si sale lo mismo.



domingo, 21 de noviembre de 2010

Umbra

Me lo han enviado por correo.



Umbra (HD - 2010) from Malcolm Sutherland on Vimeo.




martes, 16 de noviembre de 2010

La Noria: Telebasura

Tras la polémica artificial desatada a raíz de las literariamente adornadas confesiones de Fernando Sánchez Dragó en el libro escrito conjuntamente con Albert Boadella, "Dios los cría...", los responsables de La Noria decidieron invitar al escritor para que tuviera la oportunidad de defenderse ante las ecuánimes cámaras de Telecinco.
Dragó comparte blog con su hija, Ayanta Barilli, que reina en las madrugadas de esRadio. Así cuenta ella este episodio (negritas mías):



El jueves pasado vino mi padre a comer a casa y nos contó que le habían ofrecido ir a “La Noria” por una cifra de salida de dieciocho mil euros -lo cual significa que se podía llegar a pedir casi el doble- para hablar sobre todo lo sucedido. No estaba seguro de si aceptar o no. Lo único que nos hacía dudar, a él y a todos los que le escuchábamos, era que había decidido donar el dinero a una asociación benéfica que prestaba ayuda a niños desamparados. Llegamos a la conclusión de que, sólo en ese caso, valía la pena dejarse torturar durante una hora en un programa deplorable que se dedica a despellejar, con razón o sin ella, a todo el que osa pisar ese plató.
Mi padre se fue y me quedé con la idea de que lo haría. Admiré su valentía. Reconozco que yo jamás habría aceptado una propuesta así, ni siquiera a cambio de ayudar a los más desfavorecidos. Cagueta que es una.
Por la noche me fui a trabajar a la radio. Al llegar, el guardia de seguridad me dijo que me había estado buscando un tal Rubén. Me dejó su número de teléfono y yo le devolví la llamada. Resulta que era el coordinador de “La Noria”. Con un tono muy amable me explicó que Dragó iría el sábado y que necesitaban grabarme, el viernes por la mañana y a toda prisa, una entrevista en su defensa. Me lo contó como si fuese una petición de ayuda de padre a hija. Le contesté que prefería mantenerme al margen y que además, cosa absolutamente cierta, al día siguiente me iba de viaje. En definitiva, les dije que no, pero, cuando colgué el teléfono, me entró cargo de conciencia por no echar una mano en una situación tan delicada. Ya no eran horas de llamar a nadie, así que lo dejé para el día siguiente. Por supuesto, no pegué ojo.
El viernes por la mañana llamé a mi padre para explicarle las razones de mi negativa y, muy sorprendido, me dijo que lo había pensado mejor y les había dicho que no a eso de las cinco de la tarde del día anterior, es decir, al salir de mi casa, después de haber comido juntos.
Me quedé atónita y repasé todo lo sucedido en las últimas veinticuatro horas. La conclusión, según el orden cronológico de los acontecimientos, es que el tal Rubén se había puesto en contacto conmigo cuando ya sabían la negativa de mi padre. Y el resumen es que hay un tipo de periodismo, si es que le queremos dar este nombre, cuya principal actividad es la estafa moral y sentimental. Si hubiera accedido, por amor y sólo por amor, a colaborar en semejante espectáculo, habría visto, con enorme sorpresa, que la única que participaba en “La Noria” iba a ser yo. 
Repugnante.